Reparar en la construcción del lenguaje ha sido una constante desde el inicio de los tiempos. La lengua es fruto de la inteligencia humana, de ahí la diferencia de los seres humanos con los demás seres vivos.

El hombre cataloga y ordena el mundo que lo circunda mediante el lenguaje y el signo, la disciplina que se ocupa de su estudio, es conocida como la semántica; ciencia de la lingüística que repara en la significación de las palabras.

El estudio de las relaciones entre la cosa y su nombre, comenzó con los griegos. La escuela de pensamiento de la “Analogía” establecía que existía una relación natural entre las cosas y su nombre, en tanto la escuela de la “anomalía” pregonaba que dicha relación era arbitraria y establecida solo por los hombres.

La lengua es un convenio de común acuerdo colectivo e inconsciente que se estableció con el paso de los años y ha sufrido alteraciones para adaptarse a los tiempos, en este sentido es un sistema de signos que está en constante movimiento y por su naturaleza cambiante, es inacabado.

En su proceso nominativo de las cosas la lengua nos otorga un mecanismo útil para comunicarnos, es transmisora del conocimiento a partir del cual nos es posible abstraer la realidad objetiva con la que formamos conceptos y convertimos las ideas en objetos concretos. Es el instrumento por excelencia que nos da acceso al saber humano.

Para el lingüista suizo, Ferdinand de Saussure, “la lengua es un sistema de signos aprendido inconscientemente. El hablante de la lengua no sabe con exactitud cómo funciona, aunque la emplea sin mayor dificultad”. Así es como nace el afán de entender las cosas y abarcar de manera particular y general todo lo que de la lengua emana.

El Dr. chileno Rafael Echeverría en su libro “Ontología del lenguaje”, apela a que el lenguaje no solo es nominativo y tampoco es un sistema de significaciones arbitrarias, sino que es generativo. Sostiene que la lengua es acción, de esta manera los seres humanos se crean a sí mismos en el lenguaje y a través de él, permite “moldear” el mundo a partir de lo que expresamos.

Hablar del lenguaje no se reduce solo al ámbito académico, abarca todas las particularidades que de él derivan; para estos enfoques te recomendamos un par de lecturas: “Racionalidad: lenguaje argumentación y acción”, un libro de ensayos compilados por Carmen Trueba Atienza y “El poder de la palabra: PNL Programación Neurolingüística“, de Robert Dilts, el cual ahonda sobre cómo generar formulaciones y declaraciones adecuadas en el modo de expresarnos.

Adair Rodríguez
UTEL Editorial


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