El ex Convento de San Hipólito fue construido en el Siglo XVI, solo 46 años después de la caída del imperio de México – Tenochtitlán, fue un proyecto emprendido por Fray Bernardino Álvarez Herrera, perteneciente a la orden del Mártir San Hipólito de la Caridad y fungió como convento de la Nueva España, cuya principal característica fue ofrecer apoyo y atención a una amplia población de personas en necesidad entre los que destacaban enfermos que padecían de sus facultades mentales.

Como la mayoría de hospitales fundados por órdenes religiosas, el Hospital de San Hipólito vivía de limosnas y caridad de las personas, pero durante la lucha de Independencia el ex Convento de San Hipólito tuvo que ser administrado por el nuevo gobierno de la nación. Entre 1851 y 1852, debido a los nuevos paradigmas de la medicina, el ex Convento de San Hipólito fue centro de enseñanza, práctica y eventos del Colegio de Medicina.

A finales de 1800, se añadieron a su arquitectura una serie de motivos sobre dos episodios de la historia mexicana: el arquitecto Damián Ortiz colocó en el ángulo exterior del muro del atrio tanto el episodio de la Noche triste del 30 de junio de 1520, como el de la caída de Tenochtitlán el 13 de agosto de 1521.

El ex Convento de San Hipólito, dejó de dedicarse a los enfermos mentales e incluso fue perjudicado físicamente por la elaboración de nuevas calles y avenidas; obras del gobierno de Porfirio Díaz, sin embargo, con la inauguración de La Castañeda, en 1910, paso a ser un lugar abandonado.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia lo declaró “Monumento Colonial” en 1964 y después de una extensa etapa de restauración y conservación se convirtió en un exclusivo salón de eventos sociales de la Ciudad de México.

Por ser símbolo de compasión y bondad por sus obras con los más necesitados, UTEL lo eligió para acoger a 1,482 graduados, el próximo 12 de noviembre en la Graduación 2017, pues son virtudes invaluables que la Universidad busca transmitir en las generaciones venideras.