Los alcances de la tecnología en la comunicación, han rebasado por mucho las expectativas que se tenían de este rubro a hace dos décadas. La llegada de Internet,  el desarrollo de la telefonía móvil y el acceso a estos medios, han favorecido la interconectividad de las personas en un mundo globalizado, sin embargo aún están lejos de adaptarse a escenarios socio-culturales.

Son las expresiones culturales aquellas que definen la identidad de un país, estas, por su naturaleza arraigada en el inconsciente colectivo, son indescriptibles; no obstante podemos enmarcar como generales: los productos del arte, usos y costumbres de los pueblos, además de la diversidad del lenguaje de una nación.

Es precisamente en este marco donde se cavila acerca de la adecuación de las tecnologías de la información para el fomento o conservación de la cultura propia. Es necesario hacer referencia a la educación como motor para que este mecanismo se ponga en marcha, preguntarse ¿cuál es la misión de la comunicación en un contexto de la educación?

Hablar del rezago educacional en el país es un tema aparte, lo que concierne, es la reestructuración de los programas educativos de tal forma que en ellos se conjuguen la cultura y la tecnología, no solo como tópicos sesgados, sino indagar cuál es su función dentro de la sociedad, para qué es necesario adaptarlos para que compartan un objetivo en común.

Es claro que México aún no está preparado para beneficiarse de todo aquello que la tecnología provee, con esto nos queremos referir su utilidad como sociedad, no solo personal. El crecimiento aún está en un proceso de gestación, el desarrollo pleno se dará cuando se reduzca la importación y copia de modelos del extranjero y se trabaje en productos hechos por y para mexicanos.

No se trata de sustituir una cosa por otra, ni hacer imprescindible el uso de la tecnología. Es verdad que hay que adecuarse a los tiempos globales, pero no perder la identidad como nación.

Cabe la reflexión propia sobre cómo la tecnología nos ha cambiado, en qué medida ha beneficiado o perjudicado nuestro accionar cotidiano, hacer hincapié sobre cómo podría mejorarla y, en el apogeo de las redes sociales, identificar cuál es nuestra aportación a la cultura cibernética.

 

Adair Rodríguez

UTEL Editorial


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